Este procedimiento, denominado viscosuplementación, inyecta una preparación de ácido hialurónico en el interior de la articulación de la rodilla. El ácido hialurónico es una sustancia natural que se encuentra normalmente en el líquido sinovial articular. Actúa como un lubricante y permite que los huesos se deslicen suavemente uno contra otro, y como absorbente del choque de las sobrecargas articulares. Sin embargo, las personas con artrosis tienen una concentración de ácido hialurónico en sus articulaciones, inferior a la normal. De manera que la viscosuplementación puede ser una opción terapéutica para los individuos con artrosis de rodilla.
Tratamiento
La primera línea de tratamiento de la artrosis de rodilla intenta aliviar el dolor. Normalmente se usan los analgésicos o los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), junto con fisioterapia, aplicación tópica de analgésicos e inyecciones de corticosteroides. Sin embargo los efectos secundarios de los fármacos y la limitación temporal del alivio que proporcionan producen el fallo de las medidas terapéuticas conservadoras, de manera que puede ser necesaria la sustitución quirúrgica de la articulación.
La viscosuplementación ha demostrado aliviar el dolor en pacientes que no lo consiguen con medidas no farmacológicas o fármacos analgésicos. Existen dos preparados de ácido hialurónico disponibles: un producto natural a partir de la cresta de gallo y un producto artificial producido a partir de cultivos bacterianos. Si se es alérgico al huevo o los productos derivados del pollo, hay que emplear el producto manufacturado.
Si existe derrame articular en la rodilla, hay que aspirar el exceso de líquido antes de inyectar el ácido hialurónico; esto puede hacerse con una única aguja, primero aspirando el líquido y luego inyectando el ácido hialurónico, o con dos inyecciones separadas. En función del producto empleado, se suelen administrar de 3 a 5 inyecciones, normalmente 1 a la semana, a lo largo de varias semanas.