Lo que los padres suelen reconocer como berrinches o que el niño "se pasa" recibe el nombre técnico de espasmo del sollozo (en inglés breath-holding spell).
Estas crisis que afectan entre el 5-20% de los niños sanos, suelen aparecer después de los 5 meses de edad y desaparecer antes de los 6 años, situándose su pico máximo hacia los 2 años.
Característicamente aparecen después de que el niño se ha golpeado o lastimado de alguna forma o cuando se ve contrariado en alguna acción.
¿En qué consisten?
La crisis comienza con el llanto del niño que puede estar rígido, posteriormente aguanta la respiración y comienza a cambiar de color describiéndose aquí 2 variedades:
· Crisis cianóticas (frecuentes): El niño se pone de color morado-azuloso, principalmente alrededor de los labios.
· Crisis pálidas (muy raras): El niño se pone pálido.
La crisis puede terminar cuando el niño deja de llorar o con el desmayo del mismo, lo cual resulta muy angustiante para los padres.
El desmayo suele ser de muy corta duración y el niño generalmente se recupera por completo en pocos minutos.
No es raro que con frecuencia se confundan estas crisis con convulsiones, ya que además ocasionalmente se pueden acompañar de temblor muscular que no es rítmico ni de larga duración a diferencia de las crisis convulsivas. Puede existir también desviación de los ojos hacia arriba como en las crisis convulsivas, sin embargo con una buena historia clínica es relativamente fácil diferenciar ambas entidades, ya que con frecuencia existe un evento desencadenante como un golpe o el contrariar al niño.
Tampoco es raro que con frecuencia se piense en alguna cardiopatía congénita pero a diferencia de estas el niño se presenta "azul" (cianótico) sólo durante las crisis.
Estas crisis se generan cuando el niño deja de respirar y baja por lo tanto la saturación de oxígeno de la sangre. Cuando los niveles bajan demasiado el niño puede desmayarse empezando en ese momento el automatismo respiratorio que hace que el niño se recupere.
| | Hay que tener en cuenta que estas crisis pueden significar ganancia secundaria para el niño ya que los padres con el fin de evitarlas, hacen todo lo posible para no contrariar al niño, complaciéndole en todos sus caprichos. Dicha actitud puede ser aprendida y usada por el niño en su beneficio.
¿Cómo actuar frente a esta situación?
Ante todo hay que tener en cuenta que: primero, las crisis no ponen en peligro la vida ni el desarrollo del niño y no existen secuelas posteriores y segundo, suelen desaparecer por sí solas entre los 5-6 años.
· Mantener la calma.
· Colocar al niño de lado en un lugar seguro como una cama y vigilarlo de lejos hasta que pase la crisis.
· No prestar mayor atención al niño cuando haga esto y esperar hasta que empiece a respirar por sí sólo. Muchos niños ante la angustia de sus padres "aprenden" a manejar esta situación a su favor haciendo que los padres les consientan sus caprichos o si no "dejan de respirar".
· Pegarle no va a resolver las cosas, el niño busca llamar la atención y pegarle es darle importancia.
· Recordar que cuando el niño se de cuenta de que no obtiene lo que quiere dejará por si solo esta actitud.
· Nunca intentar maniobras de resucitación o medidas desesperadas ya que realmente se puede lastimar al niño.
· Ante cualquier duda, consultar al pediatra.
El artículo sólo es informativo. Si tiene dudas al respecto, consulte a su médico
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