Causas y riesgos
La lepra está causada por el microorganismo Mycobacterium leprae. A diferencia de lo que se cree, es una enfermedad de difícil transmisión y debido a que tienen un largo periodo de incubación es difícil determinar donde o cuándo se ha contraído la enfermedad. Los niños son más susceptibles que los adultos a contraer la lepra.
Existen dos formas comunes de lepra, la lepra tuberculoide y la lepra lepromatosa, las cuales se subdividen en más tipos. Ambas formas producen lesiones en la piel, pero la forma lepromatosa es más grave, produciendo unos nódulos muy desfigurantes. Todas las formas de la enfermedad suelen causar lesión neurológica periférica (daño en los nervios de las extremidades) que se manifiesta por pérdida de la sensibilidad en la piel y debilidad muscular. Las personas con lepra desde hace mucho tiempo pueden llegar a perder el uso de sus manos o pies debido a los accidentes repetitivos como resultado de la ausencia de sensibilidad. Es decir, la persona pierde los reflejos de retirada que nos protegen frente a objetos que queman o que pinchan. Las quemaduras y otras lesiones pueden llegar a infectarse y los tejidos y huesos se erosionan. Las infecciones graves pueden suponer la amputación de la extremidad.
La lepra es aun común en varios países del mundo y en climas templados, tropicales y subtropicales. Aunque existe un tratamiento médico para esta enfermedad, la aparición de Mycobacterium leprae resistente al tratamiento así como el incremento del número de casos en el mundo, ha alertado sobre esta enfermedad.
Prevención
Las medidas preventivas consisten en evitar el contacto físico estrecho con personas sin tratamiento. Las personas que llevan tiempo medicándose llegan a no ser infecciosas, es decir, no transmiten el microorganismo que causa la enfermedad.